En 2023, una marca de ropa con sede en Rosario decidió probar algo distinto. Sus devoluciones por talla incorrecta representaban casi el 38% de los envíos mensuales, un número que les costaba tiempo y dinero real. El equipo de tecnología propuso combinar realidad aumentada con un modelo de IA entrenado con medidas corporales de sus propios clientes.
Cómo funcionó el sistema en la práctica
El cliente abría la app, se escaneaba con la cámara del celular y el modelo de IA generaba una silueta calibrada. Sobre esa silueta, la realidad aumentada superponía la prenda en tiempo real. No era un filtro genérico: el sistema ajustaba caída del tejido y proporciones según el tipo de cuerpo detectado.
El proceso de entrenamiento del modelo llevó cuatro meses. Los primeros resultados fueron imprecisos con cuerpos fuera de los rangos más comunes del conjunto de datos. El equipo tuvo que ampliar la muestra antes de lanzar la versión pública.
Qué cambió y qué no
Las devoluciones por talla bajaron al 19% en los tres meses siguientes al lanzamiento. Sin embargo, las devoluciones por color o textura no cambiaron, porque la pantalla del celular distorsiona esos atributos. La IA resolvió un problema específico, no todos los problemas del proceso. Para quienes recién se acercan a estas tecnologías, este caso muestra algo útil: el alcance de la solución depende directamente de qué problema se define con precisión antes de diseñar el sistema.